Friday, August 7, 2009

Canción Protesta Miamense

Afuera, otra tormenta.
El cielo color melocotón podrido deja caer piedras,
bombardeando sin piedad el excremento de pájaro
que adorna el Mazda de mi madre.

No reconozco nada.
Me he olvidado cómo hablar el lenguaje de mi casa.
Estoy pensando en contratar a un traductor
para poder pedir permiso.

Me da pena usar el baño
pero me tomo libertades con el gabinete de licor.

El pan integral y el queso blanco
son mis fieles compañeros cuando la noche y el día
foyan
y se enredan en tremenda Kama Sutra.

El internet me da préstamos
para sobrevivir esta bancarrota de melatonin.
Pero, como cualquier hijo de puta,
me sube los intereses cuando no me doy cuenta.

Mi billetera esta vacía, pero siento su peso,
que me estorba al caminar.

Todo cuesta;
hasta el meditar te quita tiempo.
Qué hay de esperar en un país donde se usa el nag champa para disimular
el tufo a marihuana?

Ya me imagino a Jesús jugando Monopolio
con Buddha, Jehovah, Ja, Alláh, y el Sol,
riéndose mientras pasa por “Go” y recibe $25 dólares adicionales
por sus servicios cuando su ficha termina en la arca comunitaria.

El grupo entero tomando vino Chileno,
sentados sobre nubes de malvavisco, tomando el día libre,
hartos de escuchar en la oficina como cometemos imbecilidades en su nombre
cuando ellos no tienen nada que ver.

Y aquí abajo la soledad tiene sabor
a vodka barata y a te de canela.

Saturday, April 25, 2009

Lingerie

3:35 is the worst hour.
Everyone I know is asleep
or fucking;
they can't be making love,
not at this time.
Mishkin preaches Dostoyevski's dogma,
but only for a little while;
I'm not fond of idiots.
I'm not able to muster enthusiasm
for someone's ideas on how I should live my life,
you know that.
You know almost everything
except that you don't know much at all,
with your cigarette tongue,
your cotton candy apologies,
and your Victoria Secret pussy.

Thursday, December 4, 2008

Most Likely You Go Your Way

I blink,
painful discomfort
caused by sitting too close
to the highway,
white lines
drowning
in an onyx sea.
We drive,
windows open,
cigarette dangling from his lips,
unlit.
The black Camaro,
undetectable shadow
on route 66.
Only Dylan,
blasting from our speakers,
gives us away.
Photographs on the dashboard
stained with coffee,
credit cards maxed out.
We’re discovering America;
documenting it for posterity.